Excusas: ¿Sabes por qué pones excusas?

Excusas: Plural de excusa. Según la RAE,  define excusa en sus dos primeras afecciones como, 1.»acción de excusar(se)» y 2. «motivo o pretexto que se invoca para eludir una obligación o disculpar una omisión». Así las cosas:  ¿necesitas un esfuerzo sobrehumano para sentarte delante de tus apuntes y comenzar a estudiar? ¿No es la primera vez que te apuntas al gimnasio y, sin embargo, nunca apareces por allí? ¿Has comenzado una dieta que está eternamente pospuesta al “lunes empiezo”? Todas esas excusas que nos ponemos para no comenzar una nueva actividad tienen su por qué y hoy te lo vamos a contar.

Para entender por qué nuestro cerebro genera excusas tan racionales que nos las llegamos a creer y con las que justificamos nuestra inmovilidad es importante que entendamos qué es el efecto Zeigarnik.

Dentro de la naturaleza humana existe el compromiso de terminar todo aquello que comenzamos y, en el caso de no completar la actividad, experimentamos una sensación de culpa y decepción que nos lleva a un grado de dolor leve. Ese dolor es registrado y memorizado por nuestro cerebro y que, en un futuro, frente a ciertas tomas de decisión lo empleará para declinar la balanza.

Por supuesto, este fenómeno también se produce a la inversa, es decir, llevar a término cualquier actividad nos produce una sensación de satisfacción inmensa que el cerebro también registra y que usará llegado el momento.

Cuando nuestro cerebro ha registrado más dolor que sensación de satisfacción cuando comenzamos una actividad que suponga un verdadero cambio en nuestra rutina y una salida de nuestra zona de confort, llega el momento en que el cerebro prefiere no comenzar ninguna actividad para no sufrir el dolor que produce la probabilidad de que esta quede inacabada.

Si a esto le sumamos que el ser humano es completamente racional y que a todo le buscamos una explicación, el cerebro se emplea a fondo para buscar una excusa racional que nos justifique el no comenzar con una actividad en concreto lo que nos genera un alivio, al menos, temporal.

Poner excusas para todo, en un momento determinado, puede convertirse en un verdadero problema que nos inmovilice y no nos deje crecer y avanzar, por eso, es importante saber detectar estas excusas generadas por nuestro cerebro y tomar una actitud de acción constante.

Cuando sientas la necesidad de postergar una actividad, intenta discernir si el motivo por el que vas a retrasarlo es real o una excusa, incluso, si ese motivo puede volver a pasarte mañana cuando intentes llevar a cabo de nuevo esa actividad. Cuando hayas reconocido que es una excusa, toma acción. Pronto te darás cuenta que esa situación incómoda o tediosa que te impide avanzar, cambia, pues recuerda que cada vez que lleves a cabo esa actividad al completo, tu cerebro se verá recompensado por el efecto Zeigarnik.

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