AMAXOFOBIA, O LO QUE ES LO MISMO, MIEDO A CONDUCIR (II)

AMAXOFOBIA, O LO QUE ES LO MISMO,  MIEDO A CONDUCIR (II)

¿Cuáles son los síntomas?

  • Como ya hemos dicho, se trata de un miedo irracional, y es que la persona que lo padece sabe que es irracional y desproporcionado y eso puede llegar a genera incomprensión por parte de los demás, lo que le hace sentir vergüenza, frustración y pensamientos derrotistas y catastrofistas.
  • Queda fuera del control voluntario de la persona que lo padece. Es tan intenso el malestar, que genera pensamientos de indefensión y no poder hacer nada para paliarlo.
  • Se instauran estrategias de evitación ante la tan temida situación de ponerse al volante. Al final, se limitan los recorridos conocidos, (sólo para hacer la compra, para ir a recoger a los niños,…), en aquellas personas que a pesar del malestar que les genera se atreven a conducir. En otros casos, cuando  la ansiedad es mayor, se plantean incluso no optar o rechazar trabajos atractivos ante la necesidad de tener que conducir, y en otros casos, acaban  pasando a ser  exclusivamente “peatones”  y/o usuarios de transporte público, por lo que dependiendo de donde vivan… les puede suponer varias horas de viaje para un recorrido relativamente corto en coche que mejoraría muy mucho su calidad de vida.
  • Como hemos mencionado, se trata de  una reacción de alarma desproporcionada ante la sola idea de tener que conducir, o situaciones similares.
  • Lo podemos notar en:
    • La respiración y el pulso se aceleran, y pueden aparecer opresión en el pecho, taquicardias, dificultad para respirar e incluso desmayos
    • Los músculos del cuerpo se tensan llegando a veces a generar hormigueos, entumecimiento o temblores involuntarios
    • Dolor de cabeza, sensación de mareo, visión borrosa e inestabilidad
    • Se puede producir sudoración elevada en el cuerpo o en las manos
    • Sequedad de boca y garganta
    • Sensaciones de nauseas, vómitos, malestar abdominal e incremento de la necesidad de ir al baño
    • Pensamientos anticipatorios y rumiatorios que anticipan posibles accidentes las o también pueden tener pesadillas los días previos. Las personas que padecen amaxofobia, se acaban convirtiendo en auténticos detectores y narradores de todos los posibles peligros habidos y por haber que pueden acontecer cuando uno monta en un coche, por lo que su predicción acerca de ellos sentarse al volante…. De eso ni hablamos. Además, podrían sufrir un accidente o podrían ser los causantes de un ¡monumental atasco! Total, que se consideran un peligro al volante, por lo que en beneficio de todos y de ellos mismos, no conducen.

 

Bromas aparte, todo Esto nos genera es un sentimiento de ineficacia, un deterioro de la autoestima, más de una complicación, pérdida de tiempo, molestias, incomodidad y sobre todo ¡¡¡ MUCHAS LIMITACIONES!!!

La amaxofobia, puede llegar a ser altamente incapacitante.

¿Se puede superar? ¿Qué se puede hacer?

Como cualquier fobia, claro que se puede superar. De hecho cuando las “circunstancias vitales” cambian, en muchas ocasiones eso es lo que sirve de mecanismo impulsor para encontrar la motivación e iniciar el cambio. Por ejemplo, puede ser tras una mudanza en la que los trayectos en transporte público ya no son válidos, o tras el nacimiento de los hijos, cuando inician su etapa escolar y esto supone un desplazamiento desde el domicilio hasta el centro educativo, o tras un cambio de puesto o trabajo…

Tú decides cuál es tu motivo.  Si ya te has decidido, te indicamos qué puedes hacer:

  • En primer lugar: Buscar ayuda y ponerte en las manos de buenos profesionales, ya que no se produce la remisión espontanea.
  • Buscar apoyo psicológico. Podrás fijar tus objetivos conjuntamente con tu psicólogo y te facilitará las herramientas necesarias de regulación emocional,  por lo que  podrás ir haciendo una exposición graduada y paulatina hasta vencer ese miedo a conducir.
  • Buscar una Autoescuela donde ofrezcan clases de refuerzo y estén sensibilizados con el problema.

En Efectiva-Mente podemos ayudarte a superar tu miedo a conducir. ¡LLámanos! Sentirás aquello de:

¿Te gusta conducir?

AMAXOFOBIA, O LO QUE ES LO MISMO, MIEDO A CONDUCIR (I)

¿Qué es la AMAXOFOBIA?

El origen de esta  palabreja proviene del griego:

  • AMAXO [icon name=”arrow-right” class=”” unprefixed_class=””] Carruaje  +  PHOBOS = FOBIA [icon name=”arrow-right” class=”” unprefixed_class=””] Miedo enfrentar-el-miedo-a-conducir

Este miedo se puede presentar:

  • Cuando conducimos, o mejor dicho, sólo con el hecho de plantearnos que tenemos que conducir
  • Cuando viajamos como pasajeros
  • Cuando, aún conduciendo, nuestro recorrido se ve limitado ante determinadas circunstancias: mal tiempo, autovías, carreteras secundarias, lugares desconocidos…

 

 

Conducir  es una actividad compleja, que requiere que estemos alerta ante las circunstancias cambiantes de la vía o de los otros conductores y pongamos nuestra atención a trabajar. Al principio, cuando nos sacamos el carnet y somos conductores noveles, esto lo notamos más. Por ejemplo, no se puede conducir y poner la radio del coche a la vez,  y, poco a poco tras la práctica, la tarea de conducción se va automatizando, descargando parcialmente nuestros recursos atencionales.

Sin embargo, esto no siempre es así, ya que hay personas que tras conseguir obtener su permiso de circulación, pero o bien por unas cosas o por otras, no llegan a conducir nunca, por lo que la idea de ponerse al volante, les genera gran inseguridad y mucha ansiedad,  de manera que van capeando el temporal y se acaban acoplando en los asientos del coche sólo como pasajeros.

En otros casos, se da la circunstancia de que pasa mucho tiempo sin que cojan un coche, por lo que les genera mucha angustia tener que volver a hacerlo, y como el grupo anterior, se convierten automáticamente en pasajeros también. Todos conocemos a alguien que nos sorprende comentando que tiene que ir a renovar el carnet, ya que ni siquiera sabíamos que lo tuviera.

También puede haberse dado la circunstancia que a la vez que se estaba atravesando un periodo muy estresante y que esto provocara una crisis de ansiedad, o incluso un ataque de pánico al volante, por lo que se acaba generando un gran pavor a que se repita de nuevo, a  no tener el control y más a que se repita cuando va conduciendo.

O, en otras ocasiones, puede haberse producido alguna situación como un accidente de menor o mayor gravedad que acaba generando un miedo atroz, a conducir o a montar en un vehículo.

Como podemos deducir, al mismo punto se llega conduciendo por diferentes caminos, y como todo en la vida, hay grados, lo que supondrá  mayores o menores limitaciones.  

En la próxima entrada os contamos cuales son los síntomas y qué podemos hacer para superarlo.

Síndrome de Wendy, ¿Lo Conoces?

En numerosas ocasiones nuestro bienestar personal se encuentra mermado.  Nos sentimos mal pero no sabemos ponerle un nombre a aquello que nos está ocurriendo y, generalmente, tendemos a pensar que nuestro problema y aquello que nos pasa es una “pequeña depresión”, un término que se maneja con bastante ligereza por ser un problema cercano y cotidiano.

Hoy queremos hablaros del síndrome de Wendy, que, debido a nuestra educación cultural y los valores imperantes en nuestra sociedad, aún se trata de un síndrome difícil de detectar, pues está asociado a la figura de la mujer ideal de antaño, aquella que vuelca todos sus esfuerzos en agradar a todos, cuidar de su pareja y sus hijos.

Desarrollar un síndrome de Wendy tiene como base principal el miedo al rechazo y/o a ser abandonada, de modo que, para evitar que esto suceda, asumen todas las cargas familiares cumpliendo de una forma casi compulsiva todos los deseos que se les presente de parte de sus parejas o sus hijos, esto hace que no les quede tiempo para sí mismas y, por lo tanto, son autorelegadas a un segundo plano en su propia vida.

Lógicamente, el síndrome de Wendy acaba afectando seriamente a la calidad de vida, tanto a la persona que lo padece, como a la vez, creando serios problemas de pareja. Por un lado, esa soledad de la que huyen las personas con síndrome de Wendy, acaba convirtiéndose en una realidad pues en escasos momento sienten apoyo por aquello que han asumido como “su tarea”. También, la ansiedad se convierte en su compañera de viaje, es un síntoma que va unido al síndrome de Wendy debido a la impotencia de sentir que no se puede llegar, a todo lo que acaba derivando, finalmente, en un burnout de una vida sumergida en la rutina y sin ningún tipo de satisfacción personal.

El tratamiento que se lleva a cabo en los casos de síndrome de Wendy empieza por tomar conciencia de las creencias irracionales que la mujer tiene interiorizadas, como por ejemplo, que cuanto más te esfuerzas en el cuidado de una persona, mayor es el amor que das, que el otro percibe y, por tanto, menos probable el que te abandonen.

La terapia, pasa por aprender a responsabilizarse de su propio bienestar, y a quererse, a reforzar de la autoestima acompañado de entrenamiento en asertividad es decir, poner en práctica ejercicios en los que se aprende a decir no y, sobre todo, a delegar y hacer responsable de forma paulatina de las tareas cotidianas al resto de su entorno, asumiendo un principio de equidad dentro de la pareja, favorecerán el desarrollo en el tratamiento del síndrome de Wendy, en definitiva, a buscar nuevos roles, más adaptativos, con los que poder encontrarse a gusto en su propia piel.

Como es lógico, para detectar el síndrome de Wendy es necesario previamente una evaluación en profundidad de la paciente para trabajar éste u otro tipo de síndromes y síntomas parecidos o asociados.

Si te sientes identificada con este artículo y necesitas recurrir a ayuda profesional, en Efectiva-mente estaremos encantados de poder atenderte.